La Escuela de Caravati

La ciudad de SFVC (San Fernando del Valle de Catamarca) seguramente era más linda de lo que es hoy en día. Dicho esto, por la forma en que juzgan nuestros vecinos las fotografías de las primeros años del siglo XX, comparándolas con las de los primeros años de este siglo XXI. Pero aún así, en la actualidad, cuando llegan visitantes, perciben que nuestra ciudad es distinta.

Y es que SFVC era considerada un ejemplo, por la coherencia de su paisaje urbano y por el contexto cultural de la época. Según un arquitecto colega, era la “Atenas del Norte Argentino”.

Cuando Caravati llega a SFVC, interpreta la cuadricula fundacional y a los originarios que vivieron en esta tierra. Descifra el sistema natural en el que la ciudad está inserta. Sin darse cuenta, pero con excelente criterio intuitivo, “hará que sus obras jueguen en el espacio”, como dicen los colegas arquitectos.

El Paseo de la Alameda era el lugar de encuentro de la sociedad catamarqueña. El lago planteado por él sirve, también, para proveer racionalmente el agua a las fincas que se encuentran en los corazones de manzana de la cuadrícula urbana. Caravati interviene en este espacio público y antes de acabarlo le encargan la construcción de la Casa de Gobierno. Y mientras hace esta obra ya le confían terminar la Catedral Basílica…

El arquitecto italiano, diseña la ciudad de SFVC. Lo hace intuitivamente. A medida que se va vinculando con la sociedad de la época y le son encomendados una serie de edificios, elabora, sin querer, un plan urbano ambiental para la ciudad que no necesita ser escrito en papel, ya que lo hace en la obra misma.

El arquitecto interpreta que las calles son para circular, por lo tanto no hay árboles. Se percibe un paisaje urbano homogéneo, dado por la altura, la escala y la proporción de las fachadas. Circulando por las calles, se llega a los espacios públicos. En las plazas y paseos si hay árboles. Son los espacios para el encuentro. Son los espacios en los que hay vida pública.

La vida introspectiva está en los corazones de manzana, por donde circula el agua. Allí hay árboles frutales, vid, animales domésticos que ayudan al sustento alimenticio familiar. Allí hay vida privada.

Los edificios de Caravati tienen color, aunque no podamos comprobarlo, ya que sólo los conocemos a través de las fotografías en blanco y negro de la época. Trabaja con el color la idea de “figura y fondo”. Sólo el edificio de la Catedral Basílica puede tener un tratamiento uniforme en el color, enfatizando así su originalidad en la ciudad.

El arquitecto inmigrante “diseña y construye” la ciudad de Catamarca. Y por más que hayan intervenido otros arquitectos, constructores y albañiles de la época en innumerables edificios… Él los hizo. Todos aprenden a construir como este arquitecto italiano, quien estudia arquitectura en la Academia de Arquitectura de Brera, en Milán. La coherencia y la homogeneidad en el paisaje urbano de la ciudad y que pueden percibir los vecinos que vivieron a fines del siglo XIX es, a no dudarlo, “La Escuela de Caravati”.

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